Todavía caminando juntos, Mauricio ve unos amigos que quiere saludar, son un grupo de músicos que no sé si andan haciendo algo juntos ahora y están sentados en un parque, como después de un ensayo. En la esquina siguiente, ya sin Yaira y sin los músicos, a una puerta del restaurante en el que se cocina nuestro almuerzo, nos topamos con "el chamo", un productor de televisión venezolano, que no sé cómo llegó acá. Y finalmente disfrutamos de cada partícula del esperado almuerzo.
Si uno creyera férreamente en el destino, este recorrido que he descrito estaría lleno de señales que me estarían indicando que debería realizar un videodanza con Mauricio que es un pelao sensible en la cámara, que tiene ganas y se fascinó como yo con el videodanza. Yaira, sería nuestra bailarina y bailaría al ritmo de los músicos que estaban sentados en el parque y para garantizar un muy buen producto audiovisual, "el chamo" sería el productor.
¿Será que debería hacer caso del destino? La cosa no para y el destino me seguirá encontrando, eso digo yo, pero cuando lo digo, recuerdo un refrán que me dice mi abuela: "en la puerta de la oportunidad, hay un letrero que dice: empuje y entre".
1 comentario:
Pues si, uno a veces se queda esperando oportunidades... quizá que entren, lo revuelquen en la cama, le quiten el sueño y hasta le den una cachetada.
Tal vez no necesitamos tanto, tal vez no hay que esperar con tanta paciencia esas oportunidades, tal vez llegan así de naturales, inspiradoras y bien acompañadas [como nos contás].
A veces dejamos escapar opciones en medio de la cotidianidad, cuando somos nosotros los llamados a pescarlas en el aire, agarrarlas, no dejarlas ir, jugar con ellas hasta que tomen forma... o si no ocurre, por lo menos algo aprender o disfrutar en el camino.
Yo no se que es videodanza con certeza, algo imagino... ¡suena bien!
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